Las prácticas comunitarias representan un pilar esencial, ya que permiten trasladar los conocimientos teóricos al entorno real, fomentando la empatía, la observación y la intervención directa en el bienestar de las personas.
Durante este periodo, las y los estudiantes de quinto semestre se integraron a la comunidad de Toxi, San Juan, con el propósito de conocer los determinantes sociales que influyen en la salud de sus habitantes. A través de la aplicación de cuestionarios, el diálogo cercano y la escucha activa, los estudiantes lograron acercarse a la realidad de cada persona, convirtiéndose en un apoyo y un canal de comprensión para muchos miembros de la comunidad. Esta experiencia permitió obtener información valiosa sobre factores sociales, económicos y de salud. Posteriormente, toda la información recolectada fue registrada y analizada para elaborar un diagnóstico comunitario de enfermería, una herramienta orientada a la identificación de necesidades y la propuesta de estrategias de mejora en la atención y promoción de la salud.
Más allá de la práctica académica, esta vivencia fortaleció los lazos de compañerismo, el sentido de compromiso social y la vocación de servicio, recordándonos que la enfermería no solo se trata de curar, sino también de acompañar, comprender y cuidar con humanidad.
María Arriaga Mondragón, Alumna de 5to semestre

Las estudiantes de enfermería María Arriaga e Itzamany Olivares participaron en una jornada de voluntariado junto a la fundación “Iluminando con Amor”, en el Instituto Nacional de Cardiología Ignacio Chávez. Durante esta actividad, tuvieron la oportunidad de convivir con los niños hospitalizados en el área de cardiología pediátrica. En esta ocasión, las estudiantes dejaron por un momento su rol clínico dentro del hospital para convertirse en visitantes con una misión muy especial: llevar alegría, compañía y momentos de juego a los pequeños pacientes que pasan largas jornadas de hospitalización lejos de sus hogares.
La visita estuvo llena de risas y conversaciones que transformaron el ambiente del área pediátrica. Para muchos de los niños, que habitualmente sólo pueden ver a sus padres durante las horas de visita, este tipo de actividades rompe la rutina y les ofrece un respiro emocional. Al ver a los voluntarios llegar, los rostros de los pacientes se iluminaron; la emoción y la felicidad genuina de los niños reflejaban cuánto puede significar un gesto tan sencillo como compartir tiempo con ellos.Durante la jornada, las estudiantes también pudieron reflexionar sobre el impacto que la enfermedad tiene no solo en los pacientes, sino también en sus familias. Observar cómo los niños comprenden su situación gracias al trabajo del equipo de salud, que adapta la información a su edad y nivel de desarrollo, fue una experiencia enriquecedora y profundamente humana.
Para Itzamany y María, esta experiencia fue más que una visita, fue una lección sobre empatía, sencillez y el verdadero sentido de acompañar. Descubrieron que a veces no se necesita un uniforme para cuidar, sino solo estar presentes y compartir un momento sincero de alegría. Ese contacto humano, esas risas y miradas de agradecimiento, les recordaron por qué eligieron esta profesión y cuánto puede transformar una pequeña acción hecha con el corazón.La fundación “Iluminando con Amor” se dedica a llevar momentos de alegría y esperanza a hospitales y comunidades vulnerables, demostrando que, en efecto, “pequeñas acciones generan grandes cambios”.

